sábado, 26 de marzo de 2016

Amor propio

Por: Nancy Minaya

"El amor todo lo puede, todo lo sufre, todo lo soporta" (1era de Corintios 13,13) ha sido la frase por excelencia para definir ese sentimiento tan palpable por mas etéreo que sea. Lo sentimos desde que somos bebés en pleno desarrollo, en la infancia a través del núcleo familiar: padres, hermanos, tías, tíos, primos, abuelos, abuelas; en el grupo de amistades, en la televisión con las novelas, de igual forma en la radio con las canciones o en los libros de corte romántico.

Según vamos formándonos como adultos e influenciados por lo que hemos aprendido, nos hacemos una idea de cómo debe ser el amor, es en ese caminar que lo idealizamos de tal forma que, en ocasiones, lo asociamos al sufrimiento, a soportar situaciones tan fuertes como violencia intrafamiliar y creemos que porque "amamos" podemos cambiar hasta al mundo si nos lo pidieran.

Pero hay una clase de amor del que casi nunca se habla, de ese que se pierde mientras intentamos amar a los demás y es el propio, de cómo me amo a mi mismo, a mí misma, nadie nos enseña que ese debe ser el primer amor de cada uno de nosotros.

En el momento que entendemos que debemos amarnos primero, surgen dudas, preguntas, desmontar ideas que han vivido con nosotros toda la vida es un proceso largo, sin embargo, es en esa clase de amor que encontramos la paz interior, la confianza, la serenidad y la autoaceptación que tanto necesitamos. 


Amarnos a nosotros mismos es un ejercicio tan vital como nadar o correr, nos llena de energía y nos da la fortaleza para seguir creciendo como seres humanos.

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